El hombre estaba sentado en medio de la cama, con las piernas cruzadas y la mirada perdida. Al rededor, su cuarto era un total desorden. El desorden y la suciedad parecían abarcar todo el espacio y extenderse hasta el horizonte, pero no era así, en realidad sólo llegaban hasta las paredes. La cama parecía ser santuario de orden y tranquilidad.
El hombre recuperó sus sentidos y contempló cómo el desorden y la suciedad lo rodeaban, y parecían expandirse hacia él, quizás con intenciones de no dejarlo ver la luz nunca más. De pronto escuchó una voz que parecía venir de muy lejos, de otro planeta u otra dimensión, y que le dijo:
- "Esto es un desastre"
- "Sí..."
- "Tal vez deberías limpiar"
- "Tal vez" - Y el hombre se encogió de hombros.
Tras un largo silencio, decidió que, tal vez, sí era buena idea limpiar.
El hombre abandonó su cómoda posición, con intenciones de iniciar la limpieza, pero en cuanto puso un pie en el sucio suelo, se vio arrastrado hacia abajo. Luchando en contra de lo que sabía era inevitable, logró alcanzar escoba, jabón y una cubeta. En sus últimos instantes de cordura sintió como se ahogaba entre los quehaceres domésticos cotidianos, mientras aún luchaba contra lo inevitable.
8 de noviembre de 2008
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