Llegaré a casa y estará sobre la cama, impasible, con esas provocativas curvas, con esa piel morena, llamándome. La tomaré suavemente entre mis brazos. Mis manos recorrerán su cuerpo. Mis dedos la tocarán con mucha delicadeza, con gran pasión, hasta que su voz resuene con sonoros gritos por todo el lugar.
Llegaré a casa... y tocaré la guitarra.
25 de septiembre de 2009
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