26 de diciembre de 2008

Lluvia

Las lágrimas caían sobre sus mejillas, y luego impregnaban el suelo, como presagio de una lluvia por venir.

Parque de Convivencia


Era el edén, lo recuerdo bien; ahora, unas máquinas --monstruos metálicos-- con estruendos ensordecedores y chillidos espantosos lo destruyen todo.

17 de diciembre de 2008

Regresé

Nada parecía haber cambiado. Todo era como antes, como si el tiempo no hubiese pasado. Y ahí estabas tú, con esa paciencia infinta, esperando mi llegada. Y ahí estabamos todos, rodeados de felicidad y con la tranquilidad en el rostro.

14 de diciembre de 2008

Bellas Artes


El centro es cruel. Está lleno de recuerdos, no precisamente malos, pero lastimeros. Está lleno de nostalgia y desilusión también.

Bellas Artes ahora se ilumina majestuosamente, y la luz del atardecer trae consigo pensamientos confusos, que en realidad siempre estuvieron allí, latentes.

Siento el frío de la noche y de una ausencia impregnada de cierta melodía de acordeón.

Con paso melancólico, entro al metro francés tratando de huir de esos lugares, de esos recuerdos, del dolor y la nostalgia. Y me voy, sabiendo que volveré, pero en el fondo, esperando no hacerlo.

9 de diciembre de 2008

Asombros

El hombre se asombró al oir al perro hablar, pero el perro, al ver al hombre asombrado, se asombró aún más.

8 de diciembre de 2008

Libertad

- "Tal vez salga por la ventana"
- "No, no puedes hacer eso"
- "Sí, lo haré y entonces verás"
- "No te lo permitiré, por tu bien"
- "Tal vez me convierta en ave y salga por esa ventana, y nada podrás hacer para evitarlo"
- "¡Deja de decir estupideces!"
Y ciertamente, ahí, ante sus ojos, se convirtió en colibrí y salió por la ventana, con ligereza y elegancia, sin que nadie pudiera hacer nada para evitarlo.

8 de noviembre de 2008

Sábado de limpieza

El hombre estaba sentado en medio de la cama, con las piernas cruzadas y la mirada perdida. Al rededor, su cuarto era un total desorden. El desorden y la suciedad parecían abarcar todo el espacio y extenderse hasta el horizonte, pero no era así, en realidad sólo llegaban hasta las paredes. La cama parecía ser santuario de orden y tranquilidad.

El hombre recuperó sus sentidos y contempló cómo el desorden y la suciedad lo rodeaban, y parecían expandirse hacia él, quizás con intenciones de no dejarlo ver la luz nunca más. De pronto escuchó una voz que parecía venir de muy lejos, de otro planeta u otra dimensión, y que le dijo:
- "Esto es un desastre"
- "Sí..."
- "Tal vez deberías limpiar"
- "Tal vez" - Y el hombre se encogió de hombros.
Tras un largo silencio, decidió que, tal vez, sí era buena idea limpiar.

El hombre abandonó su cómoda posición, con intenciones de iniciar la limpieza, pero en cuanto puso un pie en el sucio suelo, se vio arrastrado hacia abajo. Luchando en contra de lo que sabía era inevitable, logró alcanzar escoba, jabón y una cubeta. En sus últimos instantes de cordura sintió como se ahogaba entre los quehaceres domésticos cotidianos, mientras aún luchaba contra lo inevitable.

26 de septiembre de 2008

Cuentos Cortos

A finales de la prepa el mundo adulto comenzó a parecerme algo indeseable, repulsivo y sucio. Todas esas reglas, toda esa formalidad e hipocrecía me angustiaban irremediablemente.

Cayeron en mis manos una serie de cuentos cortos, breves y brevísimos, en los cuales nada parecía tener sentido y cualquier cosa podía suceder, pero siempre de una manera poética, sublime.

Tantos leí que fuí despegándome de la realidad para sumergirme en otra: una poética e incoherente. Distorcionaba los sucesos cotidianos agregando disparatadas situaciones o argumentos, para tratar de conciliar la realidad que todos conocemos con la mía, con la de los cuentos.

Ahora imagino que soy un cuento, un disparate literario, y espero. Espero que algo suceda, una señal que me indique que soy parte de algo más, de una trama sin sentido, de un argumento absurdo.

Espero y nada ocurre.

28 de agosto de 2008

Me gustan las mañanas


Me gustan las mañanas, cuando salgo temprano de casa. Son como las seis y media. En casa todos están dormidos. Impera el silencio. Salgo y no hay nadie en la calle, está vacía... vacía de gente, vacía de ruido y vacía de luz. Todo son siluetas negras sobre un fondo azul extrañamente claro. Tomo una fotografía. Camino por la calle, en silencio por suspuesto, para no molestar a La Noche, quien aún no se ha ido.

Todas las casas duermen, pero yo estoy despierto, con la mente despejada y fresca. No es como si fuera de madrugada, por que entonces estaría terriblemente cansado, y no es así. El aire es fresco y se respira una humedad matinal. Llego a una calle un poco más grande que ya está siendo transitada, más por autos que por gente. Las luces de los autos, iluminan pobre y fugazmente de rojo y blanco mi camino, y crean un ambiente extraño, una danza de luces.

Llego al periférico y todo es caos. A pesar de que autos intentan atropellarme, la mañana aún conserva su encanto, aún hay cierto respeto hacia La Noche. Sigo caminando. Sumergido en mis pensamientos no me percato del tiempo, ni del camino y, cuando me doy cuenta, ya casi he llegado a mi destino.

Ya todo ha pasado. La luz es de nuevo como siempre ha sido. El ruido entra por los poros y me aturde, y todo es un vaivén de gente. Me sofoco entre tanta gente. Recuerdo la mañana, tan sólo unos minutos atrás. Ese efímero y hermoso instante ha pasado sin que yo pudiera hacer nada. Me resigno. Esperaré a mañana y entonces contemplaré de nuevo las siluetas de azul con negro, sentiré el fresco y veré la danza de luces tenues. De nuevo pasará ese momento entre mis dedos, como el agua que fluye inevitablemente, y nada quedará, sólo la imagen que logré robarle a lo que no si es mañana, noche o madrugada.